Si intentas caminar por el medio de la calle para no molestar a los que van por las aceras, lo más probable es que te atropellen ambos lados.
— Margaret Thatcher
¿Cuál es la factura invisible que estas pagando cuando priorizas las expectativas de los demás sobre tus propias necesidades?
- Agotamiento emocional. Querer ser la buena onda, el que en todo quiere encajar, ser la personal perfecta para cada grupo en el que te desenvuelves resulta agotador. Mantener diferentes versiones de ti para agradar terminará por generarte un estrés crónico. Es realmente desgastante estar gestionando la percepción de los demás a ti en lugar de vivir tu vida.
- Perdida de la identidad. Cuando cedes a lo que ellos quieren dejas de ser tú mismo, ya no sabes que es lo que tú quieres. El costo aquí es la autenticidad.
- Dices "sí" cuando quieres decir "no".
- Adoptas opiniones que no compartes para evitar conflictos.
- Te conviertes en un espectador de tu propia vida.
- Resentimientos en silencio. El quedar bien con todos implica sacrificios, incluso son sacrificios que nadie te pidió pero que realmente esperas que los valoren. Cuando las demás personas no notan el sacrificio, (recuerda que los acostumbraste a estar siempre disponible) comienzas a sentir amargura y frustración hacia ellos.
Lo paradójico de querer agradar a todos es que terminas agradando a menos personas. La gente percibe la falta de carácter tuyo al no poner límites. Nadie puede ser amigo de todos, el que quiere agradar a todos termina siendo amigo de nadie en una real y profunda relación.
El costo de quedar bien con todos es una deuda que nunca terminaremos de pagar si decidimos ir por ese camino. Es prácticamente imposible.
Las consecuencias de este comportamiento claves:
- Atraes a personas equivocadas. Cuando dices que si a todo y te muestras complaciente envías una señal de que no tienes límites. Esto actúa como un imán para personas con perfiles controladores o narcisistas que buscan a alguien que siempre ceda.
Por el contrario, las personas sanas y con límites propios pueden sentir que no eres real, lo que aleja las conexiones auténticas.
- Eres invisible en las decisiones importantes. Si siempre estás de acuerdo con lo que el grupo decida para no causar problemas, la gente deja de preguntarte qué quieres.
El costo es que pierdes tu voto. Pasado el tiempo, te conviertes en una pieza de mobiliario en tus propias relaciones: estás ahí, pero tu opinión no tiene peso porque ya se sabe que te adaptarás a lo que sea.
Querer quedar bien o ser bueno. Ser bueno es actuar bajo los principios y valores, aunque eso a veces pueda resultar en una verdad incómoda o poner un límite. Querer quedar bien es actuar por miedo al rechazo o la crítica. Es en si un acto de supervivencia social no de generosidad. Vives en una mentira piadosa de manera constante, en la mentida bondadosa.
El "impuesto" a tu Salud Mental.
Si lo vemos como un presupuesto emocional, así se ve el balance:
| Acción |
Costo inmediato |
Consecuencia a largo plazo |
| Decir NO |
Incomodidad de 5 minutos. |
Respeto propio y tiempo libre. |
| Quedar Bien |
Alivio momentáneo. |
Ansiedad acumulada y falta de propósito. |
Una verdad incómoda…
Irónicamente, la gente que más intentas complacer suele ser la que menos te respeta. El respeto no se gana por ser agradable, sino por ser congruente. Cuando alguien sabe que no puede comprar tu aprobación con solo pedirla, tu aprobación empieza a tener valor real.